Esta admirable relación… entre las especies muertas y las vivas, sin duda
ha de arrojar de aquí en adelante más luz sobre la aparición de los seres orgánicos
en nuestro planeta y sobre su extinción que cualquier otra clase de hechos.
Charles Darwin. (Diario, I: 236)

Cuando caminamos, sujetamos objetos, comemos o escuchamos, no reflexionamos acerca de la intervención fundamental de nuestro esqueleto para poder hacerlo. Por cierto esta estructura ósea que nos hace humanos, tuvo que pasar por millones de años de evolución, a partir del surgimiento de los primeros vertebrados.Si comparamos las extremidades anteriores de un caballo, delfín, murciélago y nuestras manos, podremos apreciar que son asombrosamente similares a pesar de estar diseñadas para funciones tan distintas como galopar, nadar, volar o trepar.
Charles Darwin, naturalista inglés, observó que tales semejanzas se deben a que este patrón morfológico es una estructura heredada de un lejano antecesor común y que ha sido modificado a través del tiempo por las adaptaciones al medio.
La exposición gira en torno a la evolución de los seres vivos a través de una muestra de esqueletos, que nos permitirán reconocer las características de la estructura interna que nos define como Homo sapiens, descubrir los huesos que nos relacionan con otras especies, así como apreciar la increíble diversidad de movimientos que este maravilloso sistema ha proporcionado a peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos para conquistar el agua, la tierra y el aire.