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También nos inspiran

Por si no bastaran los beneficios ambientales que nuestros árboles y nuestras áreas verdes nos dan, estos maravillosos espacios también son fuente de inspiración para la creación humana y han quedado plasmados en numerosas obras de arte.

A los árboles, las áreas verdes y los bosques les debemos importantes obras de pintura, música, narrativa y poesía; además de que son parte de nuestro hablar cotidiano al formar parte de refranes, adivinanzas, representaciones religiosas y mucho más.

Te dejamos aquí unos botones de muestra de lo que los seres humanos hemos hecho a partir de nuestra naturaleza:

Galería de pintores



Poesía

Planta un árbol

De una simple semilla
nacen y crecen las flores,
las plantas de mil colores
los arboles con sus frutos.
Debes plantar la semilla
regarla y verla crecer,
disfrutar esa maravilla
y luego el fruto comer.
Planta ahora un árbol
si el planeta quieres cuidar.
Cuídalo de las hormigas,
y de tarde deberás regar.
Si lo cuidas con esmero
sus tiernas hojas brotarán,
llegará a ser un árbol
y frondosa sombra dará.
Oxigenarás el aire,
y el planeta cuidarás.
El fruto dará la semilla
y otros arboles nacerán.
Nosotros somos consientes
al planeta vamos a cuidar.
Por eso en este momento
Un árbol vamos a plantar.


Autora: Delia Arjona

Árboles de la ciudad

Vuestro tronco era esbelto y verdecía, 
sorbiendo soles allá en el cerro alto:
os arrancaron del paisaje un día,
para dar sombras sobre el negro asfalto.

Estáis aquí, anclados en la acera,
para manchar de verde el gris urbano; 
se alarga en vano vuestra larga hilera 
por ver el monte en el azul lejano.

¿Qué cruda mano os puso en estas calles
sin secreto, de ruido atormentadas? 
¿Por qué os hurtaron a los hondos valles 
llenos de dulces tardes sosegadas?
La tórtola no vierte sus arrullos,
árboles de ciudad, en vuestras ramas;
ni escucha vuestra copa los murmullos 
que el viento dice al bosque y las retamas.

Como a niños de hospicio, uniformados, 
la simetría vuestro tallo muerde, 
¡Árboles de ciudad, civilizados,
sucia de grises vuestra capa verde!
Yo estoy como vosotros, prisionero, 
hambriento de altos cielos y paisajes; 
soñando siempre estoy con un sendero 
que haga eterna mi sed honda de viajes.

Autor: Alfonso Albalá

Vegetaciones

A LAS tierras sin nombres y sin números
bajaba el viento desde otros dominios,
traía la lluvia hilos celestes,
y el dios de los altares impregnados
devolvía las flores y las vidas.

En la fertilidad crecía el tiempo.

El jacarandá elevaba espuma
hecha de resplandores transmarinos,
la araucaria de lanzas erizadas
era la magnitud contra la nieve,
el primordial árbol caoba
desde su copa destilaba sangre,
y al Sur de los alerces,
el árbol trueno, el árbol rojo,
el árbol de la espina, el árbol madre,
el ceibo bermellón, el árbol caucho,
eran volumen terrenal, sonido,
eran territoriales existencias.

Un nuevo aroma propagado
llenaba, por los intersticios
de la tierra, las respiraciones
convertidas en humo y fragancia:
el tabaco silvestre alzaba
su rosal de aire imaginario.
Como una lanza terminada en fuego
apareció el maíz, y su estatura
se desgranó y nació de nuevo,
diseminó su harina, tuvo
muertos bajo sus raíces,
y luego, en su cuna, miró
crecer los dioses vegetales.
Arruga y extensión, diseminaba
la semilla del viento
sobre las plumas de la cordillera,
espesa luz de germen y pezones,
aurora ciega amamantada
por los ungüentos terrenales
de la implacable latitud lluviosa,
de las cerradas noches manantiales,
de las cisternas matutinas.
Y aun en las llanuras
como láminas del planeta,
bajo un fresco pueblo de estrellas,
rey de la hierba, el ombú detenía
el aire libre, el vuelo rumoroso
y montaba la pampa sujetándola
con su ramal de riendas y raíces.

América arboleda,
zarza salvaje entre los mares,
de polo a polo balanceabas,
tesoro verde, tu espesura.

Germinaba la noche
en ciudades de cáscaras sagradas,
en sonoras maderas,
extensas hojas que cubrían
la piedra germinal, los nacimientos.
Útero verde, americana
sabana seminal, bodega espesa,
una rama nació como una isla,
una hoja fue forma de la espada,
una flor fue relámpago y medusa,
un racimo redondeó su resumen,
una raíz descendió a las tinieblas.

Autor: Pablo Neruda

La gracia de tu rama verdecida

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento…

Hoy he visto en tus ramas la primavera hoja verde, mojada de rocío, como un regalo de la primavera, buen árbol del estío.

Y en esa verde punta que está brotando en ti de no sé dónde, hay algo que en silencio me pregunta o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…
Autor: Antonio Machado

Canciones

Los árboles han inspirado la creación de
diversas canciones populares, como:

  • Mi árbol y yo
  • The lemon tree (El árbol de limón)
  • Dos arbolitos
  • Tall oak tree (Encino alto)
  • El capire
  • El sauce y la palma
  • A la orilla de un palmar

Entre otras…

Refranes

Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija
Al árbol frondoso y con fruto, todos se quieren trepar
Del árbol enfermo, no esperes fruto rollizo
Desde pequeñito se endereza el arbolito
De tal árbol, tal astilla
Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza

Fábulas

Los árboles que querían rey

Decididos un día los árboles a elegir un rey que los gobernara, dijeron al olivo:
-Reina en nosotros. Y el olivo contestó:
-¿Renunciar yo al líquido aceite que tanto aprecian en mí los dioses y los hombres, para ir a reinar entre los árboles?
Y los árboles buscaron a la higuera pidiéndole:
-Ven a reinar entre nosotros.
Y la higuera respondió igualmente:
-¿Renunciar yo a la dulzura de mis frutos para ir a reinar entre vosotros?
Entonces los árboles dijeron al espino:
-Ven a reinar en nosotros.
Y el espino respondió a los árboles:
-Si en verdad queréis ungirme para reinar entre vosotros, venid a poneros bajo mi amparo, o si no que surja el fuego de la espina y devore los cedros del Líbano!
Quien no tiene buenos frutos que dar, dará lo malo que tenga para sufrimiento de los que le rodean.


El árbol confundido

Había una vez algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. 

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabía quién era." 

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. "¿Ves que fácil es?" No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y "¿Ves que bellas son?" Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. 

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: 

"No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... Sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo." 

Y dicho esto, el búho desapareció. 

¿Lo que Dios quiere que sea...? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió... Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar: 

"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión. "Cúmplela". 

Y el árbol se sintió fuerte y seguro y se dispuso a ser todo aquello para lo cual había sido creado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. 

Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

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