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Ciudad verde, ciudad viva

Se dice que vivimos en la selva de asfalto. Pero, hablando en serio, nuestra ciudad sería totalmente inhóspita sino contara con bosques, jardines, camellones, glorietas, alamedas, parques… en fin, sino tuviera esas superficies cubiertas de vegetación natural o inducida a las que llamamos Áreas Verdes Urbanas, distribuidas a lo largo y ancho de todo su territorio urbano.

¿Quién no se relaja en un día de intenso sol cuando su vista se topa con un trozo de verde? ¿No te has sorprendido alguna vez de lo silenciosa que puede ser la ciudad cuando estás en el Parque Hundido, en el Bosque de San Juan de Aragón, los viveros o en el parque Tezozómoc? ¡Hasta se te olvida que estás en el DF!

A medida que nuestra ciudad crece en número de habitantes, de construcciones, de servicios, de negocios, el contar con áreas verdes dentro del espacio urbano se vuelve más y más vital. Ese pequeño camellón arbolado, que casi nunca volteas a ver, hace mucho por ti.

Y, ¿sabes por qué casi ni lo volteas a ver? Porque la mayoría de los habitantes de las ciudades padecemos ceguera vegetal, es decir, carecemos de la capacidad de percibir y apreciar el mundo vegetal. No le prestamos atención a los árboles y plantas que vemos en el camino, desconocemos su nombre y todo lo que nos brindan. Y tú, ¿padeces ceguera vegetal?

Cada árbol, cada planta, cada pequeño rincón aprovechado con plantas o árboles es un aliado invaluable de nuestra vida en la ciudad. Ese espacio verde no sólo es agradable y relajante, sino que además nos ayuda a mantener fresco el clima, a absorber el dióxido de carbono que producen nuestros autos y nuestro estilo de vida, a capturar agua, a reconstruir nuestro deteriorado ejido social, además de que es el albergue de numerosas especies de plantas y animales que viven ahí, que son nuestros vecinos… Conoce a los otros habitantes de nuestras áreas verdes.

Ciudad de México

Y tú, ¿padeces ceguera vegetal?

¿Cuántos árboles y plantas de la ciudad conoces por su nombre? ¿Cuántos ves cada día mientras te trasladas de un lugar a otro? ¿Te has dado cuenta que hay árboles y plantas en camellones, azoteas, avenidas y ejes viales? ¿Alguna vez te has puesto a pensar en cómo le sienta a los viejos árboles y a las frágiles plantas la creciente contaminación que hay en la ciudad? ¿Cuántas veces a la semana, o al mes, visitas ese parque que te queda de paso? ¿Has visto cómo crecen los árboles que plantaron a principios de abril en algunas avenidas de la ciudad? ¿Sabes por qué los árboles guardan tanta distancia entre sí? ¿Notas los cambios que sufren árboles y plantas con el paso de las estaciones? ¿Sabes qué necesitan para crecer en buenas condiciones? ¿Sabes que los árboles también se enferman y mueren y por lo tanto hay que curarlos o bien retirarlos y poner otros?

Si tu respuesta a la mayoría de estas preguntas es “no”, te tenemos una mala noticia: padeces ceguera vegetal (plant blindness), es decir, sufres de “incapacidad para ver o notar las plantas en tu propio ambiente, para reconocer su importancia en la biósfera y para los seres humanos, para apreciar su belleza y las formas de vida del reino vegetal y, finalmente, padeces la errada y antropocéntrica visión de que el reino animal es superior y merece más atención que el vegetal”. Esta ceguera fue estudiada por James H. Wandersee y Elisabeth E. Schussler. Y aunque sus trabajos se centraron principalmente en estudiantes estadounidenses, lo cierto es que es una condición muy extendida entre quienes vivimos en el DF y otras áreas urbanas.

Lo más grave de este mal es que nos ha llevado a permitir la desaparición paulatina y creciente de nuestras áreas verdes, lo mismo en la ciudad que en las zonas rurales, con todos los daños y perjuicios que esto conlleva.

Entre las razones de esta ceguera podemos destacar nuestra preferencia por los animales y en general por aquello “que se mueve”, nuestro desconocimiento de lo importantes que son las plantas no sólo por sí mismas, sino para garantizar nuestra vida, e incluso nuestra educación, en la que sin duda las especies animales reciben mayor tiempo de atención que las vegetales.

La cuestión es: ¿cómo cuidar algo que no vemos?, ¿cómo entender a un ser vivo al cual no conocemos, al cual apenas percibimos?, ¿cómo curar nuestra ceguera vegetal?

Si partimos de que no podemos cuidar y amar aquello que no conocemos, nuestra primera recomendación es: empieza a observar en tus trayectos diarios la cantidad de áreas verdes que te rodean, reconoce los árboles y plantas que hay en tu camino, fíjate en su presencia, en su forma, su tamaño y en su color, en la sombra que proyectan y en lo maravilloso que puede ser tu trayecto cuando los ves. Involúcrate en el cuidado de plantas tanto en espacios públicos como en tu casa, enséñale a tus seres queridos, sobre todo a los más pequeños, lo extraordinario que es el mundo vegetal. Vamos a mirarlo, vamos a entenderlo, vamos a amarlo y cuidarlo.

Una ciudad verde es una ciudad viva.

Ceguera Vegetal

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